La lucha contra la obesidad comienza en el cerebro. Es la conclusión a la que ha llegado la investigadora extremeña Guadalupe Sabio Buzo después de cinco años de trabajo. La inhibición de una proteína llamada JKN1 en el sistema nervioso central de ratones manipulados genéticamente tiene como resultado animales con menos apetito, más activos y, por tanto, con mayor gasto energético. El sueño de cualquier endocrino. El hallazgo abre una línea de investigación para comprobar si se podrían conseguir los mismos resultados mediante fármacos y así, acabar con una de las lacras más temidas del siglo: la obesidad.
La científica pacense, que trabaja en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, ha logrado con el mismo proyecto abrir una línea de trabajo sobre la relación del sobrepeso con ciertos tipos de cáncer, en particular con el hepático.
-¿Sería posible tratar, a partir sus resultados, los cada vez más habituales problemas de sobrepeso?
-La inhibición de la JKN1 en el cerebro tuvo como resultado que los ratones comiesen menos, porque se saciaban antes, fueran más activos y, por tanto, tuvieran un mayor gasto energético incluso con dietas grasas. De manera que podría decirse que la conclusión es que los fármacos que vayan encaminados a proteger contra la obesidad tienen que llegar hasta el sistema nervioso central, es decir, al cerebro. Lo interesante sería buscar un mecanismo para encontrar otra diana terapéutica para luchar contra la obesidad basándonos en este descubrimiento. Lo que no sabemos todavía es cuál es la molécula que actúa cuando se inhibe la proteína, si lo supiésemos, podríamos regularla.
-¿Cómo surgió la idea de empezar a trabajar con esta proteína?
-Siempre me ha interesado el campo de la diabetes y estas proteínas en particular, porque empecé a trabajar con ellas desde mi tesis. Cuando me fui a Estados Unidos ya estábamos intentando averiguar que función tenía la proteína JKN1 sobre el desarrollo de la diabetes y me parecía un tema muy bonito.
-¿Qué es la proteína JKN1, la protagonista de esta historia?
-Es una proteína que tenemos todos y que está repartida por todo el organismo. Su importancia radica en su influencia en el sistema nervioso a la hora de regular el metabolismo del organismo.
-¿Los resultados le han sorprendido o eran previsibles?
-Han sido toda una sorpresa. Hemos trabajado con diferentes modelos de ratón (todos ellos manipulados genéticamente) y en cada uno de ellos la proteína tenía diferentes funciones, según se encontrara en un tejido u otros. Pensábamos que sólo uno de ellos era el encargado de regular la diabetes y la obesidad, pero no ha sido así. En cada uno de ellos la JNK1 tenía una función específica.
-¿Cuál ha sido el 'modus operandi' en el proyecto?
-Para hacer la investigación, hemos quitado la JKN1 de las células que producen la inflamación, también del tejido adiposo, del hígado, del músculo y del cerebro. Para cada caso hemos utilizado un ratón distinto por lo que hemos obtenido diferentes modelos y hemos podido comprobar la función de la proteína en cada uno de los tejidos.
-¿Qué efectos consiguieron en cada caso y cuáles son los más llamativos?
-Cuando la retiramos del tejido adiposo el resultado fue que dejó de producir una molécula que afecta a la sensibilidad a la insulina en el hígado, por tanto esos ratones desarrollaron menos diabetes tipo 2. A los que se la quitamos al músculo, también desarrollaban menos esa dolencia. A los que se la quitamos al hígado, siguen desarrollando el mal y además, produce un efecto nocivo. Para terminar, a los que se la quitamos al sistema nervioso central comprobamos que se convertían en criaturas menos obesas y, en consecuencia, más protegidas también contra la diabetes tipo 2, porque está comprobado que están relacionadas.
-A partir de este descubrimiento, ¿qué líneas de investigación son más interesantes de seguir?
-Hemos descubierto que estas proteínas, según el tejido en el que se encuentren, pueden afectar también al cáncer, porque la obesidad afecta a la producción de ciertos tipos de cáncer, en especial, el hepático. Queremos por lo tanto analizar qué factores de la obesidad determinan o regulan una mayor prevalencia de algunos tipos de cáncer entre la población.
-Pese a tener una trayectoria brillante en la UEx ha tenido que desarrollar fuera de la región su faceta de investigadora, ¿por qué?
-No hay ningún centro de investigación bioquímica en Extremadura y la universidad está muy copada. No hay casi plazas así que la única salida es irse fuera.
-¿Cuál cree que es el mayor reto en investigación para la ciencia en este siglo?
-Particularmente, me encantaría resolver cómo esta proteína, la JNK1, afectando a diferentes factores de la obesidad pueden llegar a regular que se produzca más cáncer hepático o menos.
-¿Es el cáncer la gran incógnita, todavía hoy?
-Absolutamente. Cada tipo de cáncer tiene un mecanismo diferente y, a su vez, cambia en cada persona. Es una enfermedad muy difícil de estudiar y de analizar. Definitivamente es el gran reto que tiene pendiente la ciencia en este siglo.